UGT condena la masacre de Munzenze: violencia sexual, guerra e impunidad en el Congo
Los hechos reflejan no solo la crueldad de la guerra, sino también el papel estructural que juega la violencia sexual contra las mujeres en los conflictos armados
Fecha: 06 Feb 2025

Tras conocer la noticia de la violación y asesinato de más de cien mujeres en Munzenze, en la República Democrática del Congo, la Unión General de Trabajadoras y Trabajadores expresa su más firme condena y repulsa ante el criminal feminicidio que refleja la repugnante y preocupante violencia contra las mujeres.
Los hechos reflejan no solo la crueldad de la guerra, sino también el papel estructural que juega la violencia sexual contra las mujeres en los conflictos armados. Este ataque es una expresión de la violencia extrema, usada como arma de guerra en un contexto de colonialismo económico y ausencia de justicia para la clase obrera africana y, especialmente, para las mujeres.
La República Democrática del Congo lleva décadas sumida en un conflicto armado alimentado por actores internacionales y regionales donde el grupo M23, señalado como responsable de la masacre, ha sido apoyado históricamente por gobiernos y empresas que intentan controlar recursos naturales considerados estratégicos como el coltán, el oro o los diamantes. Los intereses económicos de multinacionales y potencias extrajeras en la región han explotado durante décadas a la población congoleña, que ha sufrido y sigue sufriendo desplazamientos forzados, violencia extrema y pobreza y ha fomentado la falta de un Estado fuerte capaz de garantizar la seguridad de su población.
La brutalidad vista es producto de un modelo económico extractivista que necesita el caos y la guerra para garantizar el acceso a los recursos naturales sin oposición de la población local y en el que las mujeres son utilizadas como arma de guerra sistemática.
La violación se emplea como herramienta para aterrorizar comunidades, desplazar poblaciones y reforzar estructuras de poder, de hecho, las mujeres y las niñas son agredidas no solo por grupos rebeldes, sino también por soldados del ejército congoleño y otras fuerzas armadas presentes en el conflicto. Un fenómeno que no es algo propio del Congo y se da también en lugares como Bosnia o Sudán del Sur, Ucrania o Palestina. El cuerpo de las mujeres ha sido históricamente entendido como la extensión del poder que somete y destruye para despojar a las comunidades de su dignidad. La impunidad con la que estos crímenes se cometen demuestra que el sistema de justicia internacional sigue sin considerar la violencia de género como una emergencia que requiere una respuesta contundente y estructural.
Luchar contra la normalización de la violencia sexual
UGT advierte contra la normalización de la violencia sexual en el contexto del conflicto y en el más que seguro desplazamiento forzado de miles de personas debido a la escalada de violencia que profundiza la crisis humanitaria en la región. El sindicato señala que es urgente exigir justicia y reparación para las víctimas, pero también cuestionar los mecanismos que perpetúan esta violencia. Además, es necesario visibilizar el papel del colonialismo y del capitalismo global en la crisis del Congo, así como exigir a los gobiernos y organismos internacionales que cesen la explotación de los recursos naturales de la región a costa del sufrimiento de su gente.
La defensa de los derechos no se puede abordar desde un punto de vista individualista ni occidentalizado; la solidaridad con las mujeres y particularmente con las del Sur Global es una obligación y la masacre de Munzenze es un recordatorio brutal de que la lucha contra la violencia de género es también una lucha contra la guerra y el extractivismo que explota a la clase trabajadora en todo el mundo.
Sindicalismo a la vanguardia de la lucha
En este contexto, UGT quiere poner en valor los enormes esfuerzos de la Confederación Sindicato Internacional Africana (CSI-África) denunciando este tipo de situaciones y la intrusión de potencias extranjeras en problemáticas que solo deberían competer a los gobiernos africanos. La CSI África demuestra que el sindicalismo también está a la vanguardia en la lucha por la igualdad de género en el Sur Global y, en este sentido, es deber del movimiento sindical global apoyar la cooperación al desarrollo con las organizaciones africanas y ser un altavoz de su situación en espacios globales.